Hay una trampa en la que caemos todas: buscar la fórmula perfecta, el caption ideal, la estrategia que funciona para todos.
Te sentás a escribir y antes de la primera palabra ya estás pensando en el algoritmo. En lo que "se supone" que hay que decir. En lo que vimos que le funcionó a otra persona. Y ahí, sin darte cuenta, empezás a escribir para todos — y termina sonando a nadie.
Lo correcto, muchas veces, es lo que te aleja de lo auténtico. Porque lo correcto es genérico. Es seguro. Es lo que no incomoda, lo que no se distingue, lo que cualquiera podría haber escrito.
Y lo auténtico — eso que realmente conecta — casi siempre incomoda un poco. Porque es específico. Porque tiene tu forma de hablar, tus dudas, tus contradicciones. Porque se nota que lo escribiste vos, con lo que te está pasando hoy.
No se trata de tirar la estrategia por la ventana. Se trata de que la estrategia sea un punto de partida, no una jaula. Que te dé estructura, pero no te robe la voz.
El marketing que conecta no nace de seguir lo que dicen los gurús. Nace de animarte a decir las cosas como las pensás, aunque no entren en la fórmula. Aunque no sea "lo correcto".
Porque al final, las personas no se conectan con lo perfecto. Se conectan con lo real.